Publicado 2 de octubre de 2026 en Bienestar, Mujer, Salud, TENA por Academia Tena


Pasa en el cumpleaños de una amiga. Alguien cuenta un chiste buenísimo, te ríes con ganas, de esas risas que salen del estómago, y sientes un escape de orina. Un segundo después ya estás calculando dónde está el baño y si se nota algo.
Queremos hablar de esto, porque le pasa a muchísimas más mujeres de las que imaginas. La menopausia e incontinencia urinaria van de la mano con más frecuencia de lo que se cuenta, y hay un dato que conviene tener claro desde el principio y es que, aunque las pérdidas de orina pueden volverse más frecuentes con la edad, no son una consecuencia normal ni inevitable del paso de los años. Con los cambios adecuados y el apoyo correcto, la disfunción del suelo pélvico suele ser tratable o, al menos, bastante manejable.
Empecemos por quitarle el misterio. La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina, y puede aparecer por la debilidad de los músculos del suelo pélvico, por cambios hormonales o por otras condiciones médicas.
Que le ocurra más a las mujeres que a los hombres tiene una explicación sencilla, y es que muchos de los factores ligados a las fugas de orina se relacionan con nuestra anatomía. Los embarazos y partos pueden debilitar la musculatura pélvica, y la menopausia trae cambios hormonales que afectan los tejidos. Cuando esos factores se suman a lo largo de los años, el resultado es una mayor probabilidad de tener escapes en algún momento.
Acá está el mecanismo concreto, y vale la pena entenderlo porque explica todo lo demás.
La disminución de los niveles de estrógeno (hormonas sexuales que participan en el ciclo menstrual y en el mantenimiento de distintos tejidos del cuerpo) durante la menopausia debilita los músculos y tejidos de la zona pélvica, incluidos los que sostienen la vejiga y la uretra. Ese debilitamiento es el que abre la puerta a las pérdidas involuntarias.
A eso se suman tres cambios que ocurren en paralelo. Aparece la atrofia vaginal y la pérdida de elasticidad en los tejidos del tracto urinario por la baja de estrógenos. La mucosa se vuelve más delgada y más susceptible a irritaciones e infecciones. Y cambia la anatomía misma, incluyendo la posición y el soporte de los órganos pélvicos.
Saber cuál tipo de incontinencia tienes cambia bastante las cosas, porque el manejo no es igual. Estos son los dos más comunes en esta etapa, y también existe la incontinencia mixta, cuando ambos se combinan:

Es la del ejemplo del cumpleaños. Ocurre cuando los músculos que sostienen la vejiga y la uretra están debilitados, lo que provoca escapes durante actividades que ejercen presión sobre la vejiga, como toser, estornudar, reír o hacer ejercicio.
En la vida diaria se reconoce fácil en momentos como levantar una maceta y sentir el escape, estornudar en el supermercado, saltar en la clase del gimnasio. El volumen de orina suele ser pequeño y el momento es totalmente predecible.
Esta funciona distinto. Se trata de una necesidad repentina e intensa de orinar, seguida a menudo de un escape. Los músculos del suelo pélvico pueden contraerse de forma involuntaria, generando esa urgencia y la posible pérdida.
Es la que te hace conocer la ubicación de todos los baños del lugar. Y hay un factor adicional en esta etapa, porque al debilitarse la vejiga y la uretra aumenta la sensación de tener que orinar con más frecuencia y urgencia, además de volverte más propensa a las infecciones urinarias.
No todos aparecen juntos y varían según cada mujer. Estos son los más frecuentes:

Todos estos deben ser evaluados por un profesional de salud, que es quien puede determinar la causa exacta.
Acá hay un error muy común, pero bastante fácil de corregir.
Cuando aparecen los primeros goteos, lo natural es echar mano de la toalla o el protector que ya conoces de toda la vida. El problema es que los productos para la menstruación no cumplen la misma función que los productos para la incontinencia. Son categorías distintas porque absorben flujos distintos.
La orina es más difícil de contener que la sangre y no debería permanecer en contacto con la piel durante mucho tiempo. Por eso, es importante utilizar un producto que la absorba rápidamente y ayude a mantener seca la zona. Esto también puede ayudar a manejar una de las preocupaciones más comunes: el olor, que no necesariamente está relacionado con la higiene, ya que aparece porque la orina se oxida al contacto con el aire. A esto se suma que, en esta etapa, la mucosa puede volverse más delgada y sensible, haciendo que la piel esté más expuesta a irritaciones.
Por esto desarrollamos la línea TENA Discreet especialmente para mujeres, con la tecnología, flexibilidad y discreción necesarias para seguir disfrutando cualquier momento del día sin interrupciones. La eliges según cuánta orina pierdas:
Si te los estás preguntando… ¡Sí!, esta línea responde tanto a los goteos de orina como al flujo vaginal, algo muy útil cuando ambas cosas conviven durante la transición.
Existen varios tratamientos y cambios de estilo de vida que pueden ayudar, y muchos de ellos están enteramente en tus manos.
Es la técnica más recomendada y la que mejores resultados ha mostrado en estudios clínicos. Se trata de la fisioterapia del suelo pélvico, y como su nombre lo indica, fortalece los músculos pélvicos y mejora el control de la vejiga.
Lo interesante es que sus beneficios van más allá de la incontinencia, ya que también favorecen la vida sexual y la salud intestinal. Un especialista en fisioterapia puede armarte un plan personalizado según tu caso.
Lo mejor es poder asociarlos a algo que ya haces todos los días, como el café de la mañana o el noticiero de la noche para que no los olvides. La constancia pesa más que la intensidad.
Tres frentes concretos, y ninguno requiere que cambies tu vida entera.

A esto se suma controlar la ingesta de cafeína y alcohol, que estimulan la vejiga, y no saltarse los chequeos médicos.
Todas las etapas por las que pasamos traen cambios en nuestro cuerpo, y ninguno de ellos debería ser motivo de vergüenza. La incontinencia es uno más de estos cambios, y en algunos casos puede ser temporal, mientras que en otros puede mantenerse en el tiempo, por lo que es importante identificar su causa y consultar con un profesional de la salud si los escapes son frecuentes o afectan la vida diaria.
Ahora bien, aprovecha la sabiduría que traen los años. A los 30 uno anda adivinando; a los 50 ya sabes qué te cae mal, con quién quieres pasar el domingo y cuándo algo amerita ir al médico. Esa claridad no se compra, se acumula. Y sería una lástima desperdiciarla quedándose en casa por un goteo que tiene manejo.
Entender por qué se relacionan la menopausia e incontinencia urinaria es el primer paso. El segundo es elegir el producto correcto para tu nivel de pérdida. Y el tercero, quizá el más importante, es no dejar de hacer lo que te gusta mientras tanto.
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